Respuesta firmada a un comentario "anónimo...", o no tanto

Anónimo escribió:

Siguen siendo 7 los despedidos? Mentira! Que hable cada uno por su parte y dejen de generalizar que solo son 3 los obsesivos por volver a bailar en el Ballet en vez de buscar otro trabajo correspondido en otro lado. Hasta cuando esto? No bailan ellos ni dejan bailar al resto. Sigan con sus vidas que son jóvenes, ya dejaron su huella en el Ballet. Ahora a otra cosa.


Este comentario pretende contestar el anterior, publicado en este mismo Blog, palabra por palabra. Lo que está en rojo es lo que escribió un tal “Anónimo” que, sospecho conocer muy bien.

“Anónimo” dijo: Siguen siendo 7 los despedidos? Mentira! Sí. Siguen siendo 7 los despedidos a fin del año 2007. No importa que decisiones o rumbos hayan tomado cada una de esas 7 personas. La decisión de la Dirección del Teatro San Martín fue despedir a 7 de sus mejores artistas en un claro gesto de discriminación gremial y a modo “ejemplificador” para el resto del Ballet y del Complejo Teatral de la Ciudad de Buenos Aires.

Es verdad que, empujados por las necesidades económicas o/y buscando un lugar para trabajar con condiciones físicas y psíquicas más saludables, 4 de los 7 despedidos hayan optado por ingresar en otros Ballets o, incluso, dejar de bailar definitivamente. Pero eso no cambia que los despedidos por Wainrot, Elía y Staiff hayan sido 7.

“Anónimo” dijo: Que hable cada uno por su parte. Esta frase se podría explicar con otra frase: “Divide y reinarás”. Durante años el Teatro San Martín se manejó de esa manera. Incentivando el pensamiento y accionar individual en desmedro del pensamiento y accionar colectivo. Creándose una verdadera competencia para ver quién agradaba más al director a cambio de conseguir algún “favor”. Esto trajo como consecuencia que quién “sonreía más complacientemente” era quién conseguía “mejores favores”.

Incluso trabajadores honestos y realmente capaces para realizar sus tareas con excelencia, comenzaron a “sonreír complacientemente”. Consiguiendo, tal vez, un aumento de sueldo o mejores condiciones de trabajo… creyendo, finalmente, que esos beneficios eran ganados gracias a su linda sonrisa y a la “benevolencia” de su Papá/Director y no gracias a su verdadera capacidad como trabajador.

Me hago cargo que yo también formé parte de este “circo de sonrisas complacientes”. Lo hice por una cuestión de “supervivencia”, para mantener mi trabajo, y porque aún no era conciente de la fuerza y de la posibilidad del pensamiento y propósito colectivo. Además no es fácil tener conciencia de las situaciones por las que uno va viviendo, requiere de un proceso de maduración de la personalidad, de perspectiva. Agradezco tener esta conciencia ahora, y poder transmitirla, hay quienes me duplican en edad y experiencia y jamás la tuvieron ni la tendrán.

“Anónimo” dijo: dejen de generalizar que solo son 3 los obsesivos por volver a bailar en el Ballet en vez de buscar otro trabajo correspondido en otro lado. 1º) Esos 3 bailarines están amparados bajo un fallo judicial que les permite volver a trabajar. Es “justo” que vuelvan a trabajar. No es “justo” o (en otras palabras) es delito que no se les asigne tareas y/o que no se les pague. 2º) Es increíble que se catalogue de “obsesión” al esfuerzo que hace un trabajador por mantener su fuente de trabajo y salir de la situación de indigencia en la que fue dejado. 3º) Dentro de los 3 bailarines despedidos que siguen asistiendo al Ballet del San Martín hay 2 delegados gremiales (elegidos por sus compañeros) que no solo necesitan de su trabajo; sino que además, tienen la responsabilidad representar y seguir siendo la voz de sus compañeros. 4º) Los 7 despedidos (y el resto del Ballet que quedó contratado) seguimos buscando mejores condiciones de trabajo. Los 3 bailarines pensamos firmemente que esas condiciones se pueden y deben dar en el ámbito del San Martín, porque “los manejos” de ahí dentro pueden y deben cambiar. 5º) ¿Qué otro “trabajo correspondido” podemos buscar si el único ballet contemporáneo debidamente subvencionado por el estado es el del San Martín? ¿Alguien toma en cuenta que desde muy temprana edad (8 años aprox., incluso antes) para lo único que nos hemos capacitado a tiempo completo (y porque la profesión así lo exige) es para bailar? ¿Buscar otro “trabajo correspondido” debe significar irse del país, o trabajar de cualquier otra cosa para la que no fuimos entrenados. ¿Tirando a la basura tiempo y dinero que el Estado gastó en nuestra capacitación?

“Anónimo” dijo: Hasta cuando esto? No bailan ellos ni dejan bailar al resto. “Anónimo” parece bastante preocupado por saber: ¿Hasta cuando esto? Pareciera que él está “sufriendo” ésta situación en carne propia. Por alguna razón vienen a mi mente palabras de Mauricio Wainrot que salieron publicadas en La Nación: “Los más dañados (con toda la esta situación) fuimos nosotros porque se dañó el prestigio de la compañía”. 1º) Wainrot compara (y dice ser el más perjudicado) la supuesta “perdida de prestigio de la Compañía” con la indigencia en la que dejaron a 7 personas de un día para el otro y en un país donde el trabajo no abunda. Esta comparación es todo un chiste y habla perfectamente de la soberbia de este siniestro personaje 2º) El prestigio de la compañía no se dañó, porque hasta antes de los despidos, cada integrante seguía bailando tan excelentemente como siempre. 3º) Los “Bailarines Organizados” demostramos que no solo somos prestigiosos bailarines y artistas (ganando premios el mismo año en que nos despiden); sino que también nos ganamos un alto prestigio como personas (perdón si peco de soberbia, pero estoy orgulloso de mis compañeros) por nuestros valores humanos y naturaleza digna (cabe recordar que peleamos y ganamos una planta transitoria, no solo para los bailarines, sino que también para los titiriteros y los dos talleres de arte que dependen del San Martín) 3º) Los que sí atentaron contra el prestigio de la compañía fueron Wainrot, Staiff y Carlos Elía al despedir a 7 de sus mejores artistas y al dar casi 4 meses de vacaciones al resto de la compañía (con los perjuicios que la inactividad le trae a una compañía de Ballet) con la excusa de que “no estaban arreglados los baños”; cuando en realidad, “no le querían ver la cara” a los despedidos que estaban obligados a reincorporar.
Parece que tanto “Anónimo” como Wainrot están “sufriendo” toda esta situación y desesperadamente preguntan: Hasta cuando esto?


Y yo les puedo contestar: Hasta que los trabajadores artísticos tengan una ART para cuando sufren accidentes de trabajo, Obra Social, Aguinaldo y Jubilación. Hasta que la profesión y vocación artística sea reconocida como un TRABAJO, con todos los derechos del trabajador. Hasta que los Directores no puedan escudarse más en que “toman decisiones artísticas” cada vez que dejan sin trabajo a un artista. Decidiendo, de esa manera, sobre la vida y nunca sobre “el arte” del trabajador.

Pero, ¿por qué las palabras de “Anónimo” me llevaron a las palabras de Wainrot? Encuentro la explicación en la siguiente frase: No bailan ellos ni dejan bailar al resto. Es verdad que los despedidos, a pesar del fallo que los reincorpora, solo pueden asistir a las clases de entrenamiento y no están siendo convocados a ensayar las obras. Por lo tanto “ellos no bailan”. Como los despedidos no estamos haciendo ninguna clase de “piquete” ya que respetamos la prohibición que nos hacen de asistir a los ensayos; obviamente: “ni dejan bailar al resto”, se refiere a la tensa situación durante esos ensayos. Donde todos hacen el esfuerzo de rearmar un grupo que dejaron quebrado moral y psíquicamente. Con más de 8 nuevos bailarines que buscan adaptarse al nuevo trabajo a sabiendas de las situaciones vividas el año anterior. Y el resto de los bailarines, sobrevivientes de un naufragio provocado por “el capitán”, que tratan de ignorar las heridas causadas por los impunes manejos de la dictatorial dirección. Esta frase, y junto a: “son 3 los obsesivos por volver a bailar”, demuestran que “Anónimo” tiene un profundo conocimiento de toda la situación. Teniendo en cuenta que todavía no hubo ningún estreno o función con la “nueva compañía” (porque hace solo dos semanas que terminaron nuestras “vacaciones forzadas”), y siendo que todavía no hicimos ninguna declaración periodística de amplia difusión; resulta extraño que alguien externo al ballet esté tan bien informado. Por eso todos estos datos solo pueden ser conocidos (y “sufridos”) por alguien del seno e intimidad del Ballet.
En todo caso, si “Anónimo” no llegare a ser quién imagino que es, le pido disculpas por haberlo confundido, pero la verdad es que es sorprendente como supo captar y expresar la “línea de pensamiento” de alguien a quién conozco y padecí desde hace diez años.


“Anónimo” dijo: Sigan con sus vidas que son jóvenes, ya dejaron su huella en el Ballet. Ahora a otra cosa. En otras palabras: “Abandonen la lucha” “Aprovechen que todavía son jóvenes y váyanse lejos” “Ya hicieron en el Ballet lo que tenían que hacer (bailar), como ahora también “piensan y hablan” mejor váyanse y déjenme el camino libre y “Ahora a otra cosa”.

A lo que contesto que siempre fuimos concientes de que esto lo hacíamos por nosotros, pero también, y sobre todo, por todas las futuras generaciones que nos heredarán y dependen de nuestro accionar en éste tiempo. Ahora sabemos que:

La única lucha que se pierde, es la que se abandona.

Para que no me confundan con algún otro “Anónimo” voy a firmar con mi nombre y apellido: Ernesto Chacón Oribe. Bailarín desde hace 10 años del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín. Ganador del premio Clarín “Revelación Danza” 2006 y “Figura de la Danza” 2007 por protagonizar “La Tempestad” de Shakespeare y Mauricio Wainrot. Delegado despedido (tal vez, despedido por quién escribió el “Anónimo” a quién pretendo responder con este comentario)

Un abrazo grande y gracias por la inmensa cantidad de mails que recibimos día a día. Son un verdadero aliento para seguir peleando por lo justo. Disculpen si a veces no llegamos a contestar todos.