Nota en Crítica, 8 de julio

Despido de bailarines en el Teatro San Martín

Por ningún sueño

Un conflicto gremial oscurece el panorama del Ballet Contemporáneo.


La lucha comenzó a principios de 2007, cuando descubrieron que pertenecer
a una compañía de ballet estatal no tenía por qué implicar desamparo absoluto: después del séptimo accidente grave de trabajo y de que la ambulancia se negara a atender a una de sus compañeras por considerar su caso responsabilidad de una ART, varios de los miembros más antiguos del Ballet Contemporáneo del San Martín, que dirige Mauricio Wainrot, decidieron ponerse en acción. “Estábamos contratados bajo el régimen de ‘locación de servicio’ con contratos que se renovaban cada seis meses; eso nos impedía tener una ART en caso de sufrir accidentes de trabajo, obra social, aguinaldo y jubilación”, cuenta Bettina Quintá, bailarina delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y despedida en noviembre junto a otros siete compañeros de elenco.


“Buscamos que se nos reconozca como trabajadores del Estado y la relación de dependencia que teníamos con el Complejo Teatral de Buenos Aires: durante diez años firmamos contratos por seis meses y encima nos pedían exclusividad, ¿no es dependencia?”, dice Ernesto Chacón Oribe, otro damnificado.

Si la situación se recalentó se avivó el martes pasado con dos nuevos despidos: el de Wanda Ramírez –única delegada del Ballet que aún conservaba su puesto– y Pablo Fermani, que trabajaba en la compañía desde 2006. “Todavía no sé cómo seguirá mi situación, esto es muy reciente. En ATE me informaron que puedo pedir la reincorporación, pero no sé si es lo que quiero porque me siento muy herida”, dice Rodríguez, que el viernes anterior a su despido presenció una reunión donde se informó a los bailarines que la administración Macri está trabajando para sumar al cuerpo estable a planta transitoria. “En noviembre, Jorge Telerman firmó un decreto para formar una planta transitoria, pero todavía no fue puesta en práctica y la administración actual quiere volver a armar todo porque dice que lo que firmó Telerman es un ‘mamarracho’”, se lamenta Rodríguez, que en abril participó de la creación de Divina, pequeña puesta colectiva junto a sus compañeros despedidos. “La intención de ese trabajo era mostrar que los chicos no habían sido echados por razones artísticas”, comenta Rodríguez. “Ésa, creo, fue la razón de mi despido: no haber respetado la cláusula de exclusividad. Digo creo’ porque no me dieron ninguna razón: simplemente me dijeron que no volviera más”.

Si algo tienen en claro ellos, que hasta el año pasado eran primeras figuras del ballet aplaudidas por el propio Wainrot y Kive Staiff, director del Complejo Teatral, es que no van a disfrutar de los beneficios de la planta transitoria que se promete implementar. “Aunque no pertenezcamos más, nos gratifica saber que gracias a nosotros los chicos que se quedan van a ser reconocidos como cualquier trabajador”, se alegra Quintá.

Wainrot, por su parte, no opina: sólo envió el comunicado oficial: “A raíz de recientes manifestaciones públicas de ex bailarines del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, la Dirección General informa que se trata de personal artístico contratado bajo el régimen de ‘locación de servicio’, esto es contratos sin relación de dependencia, celebrados por tiempo determinado, sin cláusula de renovación, conforme lo establecido por el GCBA. A su vencimiento, el 30/6/08, automáticamente dos de esos contratos dejaron de tener vigencia en virtud de no haberse firmado con ellos nuevos contratos, comunicándoseles además que no se propiciaría su inclusión en la ‘planta transitoria’ creada por Decreto GCBA nº 794/08”. Así de simple, al parecer.



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http://www.criticadigital.com/tapaedicion/diario128_entero___web_____.pdf

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